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miércoles, 5 de noviembre de 2014

El impacto de la siembra directa en la economía uruguaya


Mujica resaltó las bondades de la siembra directa en su país. 

El Presidente uruguayo, José Mujica aseguró que en los 12 años en que se practica la siembra directa de soja el país dio un salto y se volvió más productivo, no solo en agricultura sino también en ganadería. Saludó a quienes utilizan esa técnica, pese a no desconocer algunas dificultades que se superan con voluntad humana, y no actúan como el perro del hortelano, pues es una actividad fundamental para la balanza de pagos del país.

En su audición semanal por Radio Uruguay, el mandatario se refirió a la siembra directa de soja, cuestionada en algunos casos, cuya cosecha se realiza en la actualidad. Aprovechó la oportunidad para difundir más este proceso de producción, entender su alcance y conocer un poco más sobre la naturaleza de nuestros campos. 

Mujica reseñó que hace unos 12 años, cuando comenzaron a llegar al país algunos empresarios agrícolas argentinos que practican esta actividad, fueron muchas las interrogantes.

“Se pasaba por un campo de malezas, de carqueja, de chirca, y a los pocos días volvías a pasar y estaban los palos quebrados, todo sembrado, y habían dado una fuerte mano de glifosato (agroquímico) y habían aplicado la siembra directa”, recordó. 

“Ante ello, merodearon las dudas y las críticas. La soja no dejaba rastrojos, apenas un polvillo, no incorporaba materia orgánica. Algunos, luego de levantarla, inmediatamente sembraban cebada o trigo como cultivo de invierno, sin dejar reponer nada, y parecía demasiada exigencia”, explicó.

“Eso de no arar más, de no dar vuelta la tierra (…) parecía una negación de la vieja agricultura. Pero poco a poco fuimos aprendiendo mirando para el otro lado del alambrado y en pocos años se masificó sin que nadie diera un curso, copiando y haciendo experiencia”, destacó. 

“Prácticamente la gran agricultura ha desaparecido. Los viejos arados quedaron como piezas de museo y fuimos aprendiendo que era posible sembrar no solo los campos tradicionales sino cuchillas que no podíamos ni pensar en arar, ahora con la siembra directa era posible”, agregó Mujica.

La siembra directa era útil para formar nuevas pasturas. “Aprendimos que esta tecnología era estupenda para las praderas de invierno de pastoreo y para la formación de los avenales”, indicó.

El mandatario resaltó esa acumulación de conocimiento: “Aprendimos rápidamente de los que venían de afuera, lo adoptamos como propio y desarrollamos una tecnología que hoy está masificada en el país”. En este proceso se fue aprendiendo que había que rotar con cultivos de mayor porte de vez en cuando, como maíz o sorgo, un grano más bien de consumo interno.

“Aprendimos que teníamos que hacer esto exigiéndonos buenas cosechas, porque solo el buen rendimiento de maíz o sorgo nos garantiza que incorporamos una masa importante en el sistema radicular de la planta que va a morir, y una parte importante de carbono se incorpora a los suelos para tratar de restañar, en parte, las pérdidas que pudo haber tenido en las cosechas anteriores de soja”, ejemplificó. 
Añadió que se comprobó que se podía sostener la fertilidad y la estabilidad del campo a partir de usar una agricultura cada vez más intensiva e inteligente. 

Críticas
El Presidente Mujica expresó que muchos uruguayos no son conscientes de que este proceso estalló en los 10 o 12 últimos años con la llegada de los agricultores argentinos, que ganaron dinero en nuestro país y que, además, fueron criticados. 

Hubo cambios positivos, aunque “tampoco todo es color de rosa”, manifestó considerando que el progreso humano “viene jalonado de cosas positivas, siempre entreveradas con alguna negativa”.

“Es cierto que los campos, por el aumento de la productividad, generaron más valor, que las rentas subieron, y empezó a pasar lo que me dijo un paisano de Colonia: ‘nos están echando con plata’, porque al hacer ofertas irresistibles hubo gente que dejó de trabajar y prefirió vender su potrero. Todo eso también es cierto”, indicó. 

“No menos cierto es que el Uruguay ha dado un salto, a tal punto que nuestro primer artículo de exportación es la soja, que la agricultura se incorporó definitivamente, que la ganadería perdió más de un millón y pico de las mejores tierras, y sin embargo —vaya paradoja— se mantiene en términos generales en sus cifras tradicionales”, apuntó. 

“Esto quiere decir que se preparan más rápido los animales, que hay excedentes de la agricultura que los aprovecha la ganadería. También que la ganadería está cambiando aceleradamente y que las técnicas de la siembra directa van saltando a favor de ella para hacer praderas, reservas forrajeras, etcétera. Todo esto quiere decir que tenemos un país infinitamente más productivo”, reflexionó.

Dijo que existen una multitud de inconvenientes que, para ser vencidos, necesitan voluntad humana. De todas formas, aseguró que no se puede desconocer que todo esto es trabajo y riqueza, no solo para los que realizan la práctica, sino para la balanza de pagos global del Uruguay. Llamó a no ser como el perro del hortelano (que no come ni deja comer). 

“La siembra directa ha significado una revolución en el mundo, tras el aumento de la productividad, y en realidad es tomar la tecnología de los viejos indígenas que sembraban con un palito, pero a partir de métodos modernos. Y aprender que el sistema radicular de una planta, cuando muere, es en el fondo un arado biológico, que tiende a dejar la estructura del suelo como una miga de pan por donde circula el aire y los nutrientes”, reafirmó Mujica.

Fuente: La Industria Verde

jueves, 12 de junio de 2014

La siembra directa retrocede por primera vez en su historia

Consecuencia de la aparición de malezas resistentes a los agroquímicos más tradicionales La técnica arrancó en los 90, y no paró de crecer hasta ocupar el 94% del área agrícola. 

El motor que empujó a la Argentina en los últimos 15 años está algo gastado y requiere de un urgente ajuste de tuercas. La soja transgénica, el herbicida glifosato y la siembra directa formaron un combinado ideal que aporta cada año 30.000 millones de dólares a la economía. 

Desde hace un tiempo, sin embargo, este equipo encuentra rivales cada vez más fuertes en las malezas resistentes. Hay un dato que muestra la crisis en toda su dimensión: por primera vez en la historia cayó la superficie agrícola bajo siembra directa. 

Los técnicos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que acaban de concluir un Relevamiento de la Tecnología Agrícola Aplicada en la campaña agrícola 2102/13, detectaron que la aplicación de la técnica de la siembra directa había descendido de 94% a 92% del área ocupada por los seis principales cultivos. No sería relevante si no fuera la primera vez que sucede. 

Desde que se introdujo en el país, en el ciclo 1977/78, la Siembra Directa nunca dejó de crecer. ¿Qué sucedió? Como los piojos frente a los piojicidas o los virus frente a los antibióticos, varios yuyos en el campo han ido ganando resistencia frente a la aplicación del glifosato, el herbicida que los mataba y dejaba en pie solamente las plantas de soja RR, modificada genéticamente para resistir ese agroquímico. 

La Siembra Directa se popularizó en el país desde 1998 justamente porque existía la dupla previa. Esta técnica consiste en abandonar el arado, la famosa “labranza cero”. Antes de su difusión, los productores removían el suelo sobre todo para erradicar todo tipo de malezas. Pero esa práctica tenía consecuencias graves, pues favorecía la erosión de los campos. 

“Es un retroceso que algunos lotes se vuelvan a mover para poder controlar las malezas. Pero la mayoría de esos casos son por falta de conocimientos. En el apuro por resolver un problema, algunos productores vuelven a la prehistoria, hacen lo que hacían hace 15 años”, reconoció Martín Marzetti, gerente de la Red de Conocimiento de Malezas lanzada por AAPRESID, la entidad que impulsó la siembra directa en el país. 

Según el técnico, existen tratamientos efectivos con otros herbicidas que se complementan con el glifosato. Pero, claro, el tratamiento resulta ser bastante más caro y complejo. Por eso hay chacareros que vuelven a mirar con cariño su viejo arado. Las malezas resistentes, con “la Rama Negra” a la cabeza, han aparecido en todas las zonas agrícolas, pero sobre todo en el NOA, el NEA y Córdoba. 

Por ahora pierden el partido, pero a costa de un incremento de los costos y de una complejización de un negocio que se había relajado por contar con una delantera tan poderosa como la de Messi, Agüero e Higuaín. “Ahora hay que poner más técnicos por hectárea ”, recomendó Marzetti, quien se quejó porque en todos estos años las empresas e instituciones del sector “bajaron la guardia” y recién ahora se pusieron a buscar los repuestos necesarios para un motor que muestra sus primeros síntomas de fatiga. 

 Fuente: Clarin

viernes, 9 de mayo de 2014


Sudamérica tiene la tasa de mayor adopción de siembra directa, y en Argentina el 80% de la tierra es cultivada con esta tecnología.




Fuente: MONSANTO Argentina 


miércoles, 15 de enero de 2014

Vigencia y rol futuro de la Siembra directa

A partir de una nota de la revista RIA, el INTA elaboró un artículo en donde se hace foco en cada uno de los beneficios y desafíos de este sistema. Lo compartimos.
 
 
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Tapar el sol con una mano. Eso es pensar en incrementar la productividad agrícola sin tener en cuenta la presión que se genera sobre los recursos naturales. Según una nota de la nueva edición de la revista RIA –que estará disponible en pocos días más–, los procesos erosivos que se producen por efecto de la naturaleza y la intensificación agrícola afectan una cuarta parte de las tierras mundiales, lo que representa un reto para la agricultura.
 
Desde hace más de cuatro décadas, la siembra directa responde a ese desafío. “En la próxima década debemos producir alimentos en 10 millones de hectáreas adicionales para poder abastecer a la población creciente. Si se tiene en cuenta que las tierras fértiles están todas cultivadas y se tiene que avanzar sobre áreas con mayores riesgos de degradación, la fertilización y la siembra directa son herramientas aptas para atenuar los crecientes problemas de contaminación y deterioro de suelos, aguas y atmósfera”, explica el director del Instituto de Suelos del INTA, Miguel Taboada.
 
Adaptada en más del 70 por ciento de la agricultura argentina, la siembra directa (SD) es una técnica basada en el cultivo de la tierra sin arado previo. Así, no se remueven los rastrojos de los cultivos anteriores para asegurar una cobertura permanente del suelo y mejorar las condiciones físicas, químicas y biológicas del recurso.
 
Según estimaciones de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), en esa vertiginosa carrera hacia otro tipo de agricultura se dejó atrás el sistema de arado milenario y se implementó esa técnica en alrededor de 90 millones de hectáreas a escala mundial, entre las cuales 45 millones se encuentran en América del Sur, la mitad en Argentina y la otra mitad distribuida entre Brasil, Paraguay y Uruguay.
 
Al evitar remover la tierra se garantiza una menor oxidación de la materia orgánica y una mayor estabilidad de los agregados del suelo; al conservar su bioporosidad, los canales generados por las lombrices y las raíces son más estables y permiten mayor ingreso de agua al perfil. Al mismo tiempo, la densa cobertura de rastrojos presente en la superficie protege al suelo del impacto de las gotas de lluvia, reduce el escurrimiento del agua y amplía el tiempo de permanencia sobre los residuos para una mejor infiltración.
 
Consultada por la Revista RIA, la especialista en suelos del INTA Paraná, Carolina Sasal, asegura que “la SD apareció como respuesta técnica al problema de degradación de los suelos laboreados y erosionados de la región pampeana y su amplia difusión respondió, fundamentalmente, a razones económicas como la reducción en el uso de combustibles fósiles y a su simplicidad operativa”. A pesar de que su aplicación mejoró las condiciones del suelo y permitió extender la frontera agrícola sobre tierras consideradas de baja aptitud agrícola, la solución no se agota allí.
 
El presidente de la Asociación Argentina de Ciencias del Suelo, José Luis Panigatti, considera que “no hay que pensar que la siembra directa es la panacea, ya que debe complementarse con un adecuado plan de rotaciones de cultivos, fertilización adecuada y darle al suelo la mayor combinación de elementos que permitan conservarlo, ya que de otra manera no se recupera”.
 
Diversificar para conservar
Desde principios de la década del 90 hubo un avance sostenido de la producción agrícola nacional pero con un marcado desbalance en la selección de cultivos: se produjo el desplazamiento de pasturas hacia zonas marginales y se incrementó la superficie destinada al cultivo de soja transgénica que, asociada a la SD, logró trascender la región pampeana hacia áreas marginales con suelos limitados para la agricultura tradicional.
 
Para los especialistas del INTA, la tendencia al monocultivo no brinda los beneficios ecológicos y agronómicos que aportan las rotaciones ya que “en el monocultivo de soja, hay baja cobertura de residuos en superficie, se reduce la cantidad de macroporos del suelo y su estabilidad. Eso favorece la formación de una estructura laminar que restringe el ingreso de agua al suelo y, en consecuencia, se registran pérdidas de agua por escurrimiento y del suelo por erosión”, explica Sasal.
 
De acuerdo con el director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, Roberto Casas, la falta de cobertura anual del suelo con ese cultivo se debe a que “la soja aporta un rastrojo rico en nitrógeno que se descompone rápidamente y deja al suelo expuesto a la acción erosiva, lo que es preocupante porque se pierde, aproximadamente, un 0,1 por ciento de materia orgánica por cada centímetro de suelo degradado”.
 
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La siembra directa apareció como respuesta técnica al problema de degradación de los suelos laboreados y erosionados de la región pampeana.
 
En esa línea, Taboada, quien también es representante argentino en la Alianza Mundial del Suelo (ver recuadro), estima que el hecho de que la SD no sea adoptada de la misma forma en otros países podría deberse a que su práctica está asociada directamente con los efectos que produce el monocultivo de soja. Por eso, “es necesario diversificar los cultivos para poder defender este sistema, que es capaz de preservar nuestros suelos y que nos permite producir alimentos económicos y sustentables para una gran parte del mundo”, señala el especialista.
 
En este sentido, dado que los resultados de la SD y el impacto ambiental que se genera dependen de la secuencias de cultivos que se implemente, la rotación de cultivos es clave, ya que mejora el balance de los nutrientes y la materia orgánica en los suelos, el aprovechamiento del agua y tiene un efecto inhibitorio sobre diversos patógenos (plagas, malezas y enfermedades). Para Casas, en la labranza conservacionista “las pérdidas de suelo por erosión son inferiores a 2 toneladas por hectárea y por año, muy por debajo del máximo tolerable, que ronda las 10 toneladas por hectárea”.
 
Además, recomienda que la soja se alterne con cultivos de gramíneas (trigo, cebada, centeno o maíz) porque tienen un sistema radical que generan mejor calidad de la estructura del suelo en superficie.
 
Al suelo, lo que es del suelo
En la Argentina, los principales cultivos extraen unos 4 millones de toneladas de nutrientes por año y sólo se reponen 1,4 millones por fertilización.
 
Según Taboada, ese balance negativo afecta los rendimientos productivos ya que “por cada tonelada de soja que cosechamos extraemos siete kilos de nutrientes y si el nitrógeno no se toma de la atmósfera o no lo produce el suelo por mineralización, hay que reponerlo con fertilizantes”.
 
Con rotaciones adecuadas y una densa cobertura superficial de residuos vegetales se logra mayores rendimientos de los fertilizantes que son favorecidos por la cantidad del agua que circula por infiltración, una condición que le devuelve al suelo sus aptitudes naturales para filtrar y regular los ciclos y los nutrientes. Para contrarrestar los efectos del control mecánico de malezas en sistemas de labranza, la SD combina el control químico realizado con herbicidas de translocación no residuales aplicados con tecnología de precisión que, si se complementan con un manejo integrado de plagas, permite minimizar la presencia de compuestos químicos en la superficie del suelo.
 
A su vez, Sasal, explica a RIA que estudios realizados en la estación experimental del INTA Paraná demuestran que “con secuencias de cultivos que incluyan gramíneas, donde la mayor parte del año el suelo está cubierto por cultivos con raíces vivas, hay una mejora en la amortiguación del impacto de los rodados de los implementos agrícolas y en la conservación de la biodiversidad del suelo.
 
También hay menores pérdidas de agua por escurrimiento y, consecuentemente, se reduce la pérdida de nutrientes y plaguicidas”. En suelos donde hay pendientes pronunciadas y un elevado escurrimiento es necesario que “además de implementar prácticas para mejorar el ingreso de agua al suelo, se complemente la SD con prácticas de sistematización de tierras como la construcción de terrazas y otras medidas para conducir los excedentes hídricos”, indica la investigadora.
 
 
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Es necesario diversificar los cultivos para defender este sistema, que es capaz de preservar los suelos y que nos permite producir alimentos económicos y sustentables.
 
SD para ganar mercados
La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) estima que en los próximos años, más del 80 por ciento de las ganancias de productividad tendrán que provenir de la intensificación agrícola.
 
Sin embargo, las prácticas que se utilicen para alcanzar ese objetivo deberán garantizar el uso responsable de los recursos, para lo cual la rotación de cultivos, el uso eficiente de herbicidas y fertilizantes y las prácticas innovadoras de agricultura de precisión serían una buena elección.
 
Para lograrlo, Casas, considera que el accionar de las instituciones y las políticas en la gestión de recursos naturales es primordial y ejemplifica: “En algunas zonas de la región pampeana, la modalidad de contratos de arrendamiento por varios años exige buena rotación de cultivos, fertilización y la realización de curvas de nivel para un buen control de la erosión”.
 
Por lo tanto, queda en evidencia la necesidad de promover la aplicación de la SD, combinada con buenas prácticas agrícolas, que nos permita estabilizar los sistemas de producción para ser más competitivos sin generar repercusiones negativas en los agroecosistemas.
 
Fuente: INTA Informa http://bit.ly/1ayALeD

lunes, 18 de junio de 2012

78,5% de siembra directa en Argentina

De los 106 millones de hectáreas cultivadas en siembra directa a nivel mundial, aproximadamente la mitad corresponde a países de América Latina; y de ellas, el 50% están en Argentina.

Estimaciones recientes realizadas por Aapresid arrojan un total de 27 millones de hectáreas se encuentran bajo siembra directa en Argentina (Figura 1), lo que representa un 78,5% de la superficie agrícola del país (Figura 2).

Figura 1: Evolución de la superficie en Siembra directa en Argentina 
(campañas 1977/78 a 2010/11).

Fuente: Aapresid (2012)


Figura 2: Porcentaje de Superficie bajo siembra directa en Argentina 
(campañas 1977/78 a 2010/11).

Fuente: Aapresid (2012)

Si el análisis se realiza por cultivos (Figura 3), la soja, principal cultivo de Argentina, evidencia la mayor cantidad de hectáreas bajo siembra directa, lo sigue el trigo, luego el maíz (con similares cantidades) y por último el girasol y el sorgo.

Figura 3: Superficie bajo siembra directa por cultivos en Argentina. 
Campañas 1977/78 a 2010/11.

Fuente: Aapresid (2012)

Observando por provincias, las que poseen mayor superficie en siembra directa son Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. No obstante, la importancia relativa de adopción en estas tres provincias difiere en términos porcentuales, los valores son 78%, 90% y 83% respectivamente (Figura 4). Esta situación se observa en todo el proceso evolutivo de la siembra directa en Argentina, dónde la principal provincia en cuanto a superficie sembrable es la de menor ritmo de adopción y menor cantidad relativa, al menos entre las principales provincias agrícolas. Por su parte, Córdoba y Santa Fe (en ese orden) fueron las provincias pioneras en la adopción del sistema.

Sin embargo, Catamarca, Entre Ríos, Santiago del Estero, Salta, Tucumán, Corrientes y Jujuy, en los últimos años han tenido un avance notable en cuanto a la adopción del sistema; superando actualmente el 90% de la superficie en siembra directa. Por su parte, Chaco y San Luis tienen un nivel de adopción en torno al 80 y 75%, respectivamente. Para el resto de las provincias, es viable que incrementen sus áreas en siembra directa, aunque son de menor importancia en cuanto a superficie total cultivable.

Figura 4: Superficie en Siembra Directa por provincias, medida en porcentaje. 
Campaña 2010-2011.

Fuente: Aapresid (2012)

Estas cifras son más que elocuentes. Muestran el liderazgo de nuestro país en siembra directa; tecnología agropecuaria más importante implementada en los últimos años, cuya adopción ayudó a revertir la degradación del suelo, permitió la expansión de la agricultura y la ganadería en áreas marginales, mejoró la rentabilidad de la agricultura y aumentó la sostenibilidad de los sistemas agropecuarios en los diferentes rincones del país.
 
Ahora bien, para interpretar la expansión de la siembra directa en Argentina, debemos remontamos a la década del ´90, momento en el que se produjeron cambios que facilitaron su difusión. Específicamente, a partir de 1993 se dieron factores que contribuyeron a este fenómeno:
  • El paquete tecnológico estaba finalmente adaptado a las condiciones imperantes en la región pampeana.
  • Aparición de la tecnología de resistencia a glifosato incorporada a variedades de soja, elemento que más ayudó a que muchos productores se acerquen a la siembra directa, ya que su combinación facilitaba la operación de manejo.
  • El precio del glifosato cayó de 40 dólares, a comienzo de los ´80, a menos de 10 dólares por litro de producto formulado en 1992.
  • Las condiciones económicas imperantes redujeron los márgenes de ganancia de los productores agropecuarios, forzándoles a adoptar tecnologías más eficientes.
  • La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) desarrolló un programa de difusión muy eficiente desde sus inicios (1989).
Siembra directa, un cambio de paradigmas en la agricultura
La agricultura convencional, basada en las labranzas de los suelos, fue el paradigma agrícola que la humanidad aplicó desde sus inicios, hace más de diez mil años. Bajo esta concepción de la agricultura, la labranza era vista como una pieza clave e ineludible a la hora de producir granos y forrajes. El paquete tecnológico reinante bajo el paradigma de la producción con labranzas incluía prácticas como arar, rastrear, y quemar los residuos, dejando el suelo totalmente pulverizado. 

Sin embargo, y aun reconociendo que sirvió para alimentar a la humanidad en el pasado, la agricultura convencional, por vía de la erosión de los suelos, y por la aplicación de un criterio de explotación, minero o extractivo de los recursos, en muchos casos hizo llegar a extremos de deterioro de magnitud escalofriante: “perder más de diez toneladas de suelo por tonelada de grano producido”; evidentemente, un “costo” que la humanidad toda no podía, y menos aún no puede ni podrá seguir pagando.

La agricultura conservacionista, dentro de la cual se encuentra la siembra directa (sistema productivo basado en la ausencia de labranzas, en las rotaciones y en el mantenimiento de los suelos cubiertos por los rastrojos), cambió el modelo reinante; proponiendo una nueva agricultura capaz de resolver la disyuntiva entre productividad y ambiente.
 
Al estado del conocimiento actual, se vislumbra como la alternativa productiva que mejor conjuga los intereses, muchas veces contrapuestos, de alcanzar una producción económicamente rentable para las empresas, ambientalmente sustentable, y socialmente aceptada.

La siembra directa como concepto
La siembra directa puso en marcha un nuevo paradigma en la agricultura, que permite superar el problema de la erosión y degradación de los suelos. La siembra directa ha incrementado la productividad de los suelos, por la mejora en la fertilidad física y química, y la más eficiente economía del agua. También se ha reducido el consumo de combustibles fósiles, lo cual, sumado a la menor emisión de dióxido de carbono (por ausencia de labranzas) y al secuestro de carbono (por aumento de materia orgánica) ayuda a mitigar el efecto invernadero.
 
Por tanto, la siembra directa permite acceder a un uso racional y sustentable, y hasta reparador, de los recursos básicos de los agro-ecosistemas como lo son el suelo, el agua, y la biodiversidad.
Es importante aclarar que muchas veces se comete el error de entender a la siembra directa como una tecnología que “cambia el arado por una máquina más reforzada de siembra que consigue sembrar en suelos sin labrar y donde las malezas se controlan con herbicidas”. Sembrar sin arar, como única consigna o herramienta tecnológica puntual, es una visión simplista y no elimina el riesgo económico y deterioro o degradación ambiental.

La siembra directa no es suficiente para adquirir el rótulo de agricultura productiva y sustentable. Para alcanzarlo, no sólo se requiere la ausencia de remoción, sino que además deberá plantearse una rotación ajustada en diversidad (número de cultivos diferentes) e intensidad (número de cultivos por unidad de tiempo), sumado a una estrategia de fertilización de cultivos con reposición de nutrientes, y un manejo integrado de malezas, insectos y enfermedades. Sólo así se estará aplicando un “sistema de producción en siembra directa”, con altos niveles de productividad y mantenimiento de la capacidad productiva de los recursos. Este último enfoque es el que se acerca mucho más a intentar resolver el conflicto entre producción y ambiente, siendo la máxima expresión de la agricultura de conservación.

En la medida que se comprenda la complejidad de los agroecosistemas en los que el productor trabaja, y se respeten los tiempos de los ciclos biológicos por sobre las urgencias que exige la rentabilidad inmediata, se accederá a todos los beneficios del “sistema de producción en siembra directa”.

Todo lo expresado anteriormente debe ir acompañado por tecnologías de proceso y de producto que permitan un uso más eficiente y ajustado de insumos, con un menor impacto ambiental negativo.
Principales ventajas de la siembra directa:
  • Disminución de la erosión eólica en un 96%.
  • Disminución de la compactación del suelo.
  • Mejoramiento de la estructura del suelo.
  • Incremento de la materia orgánica (fertilidad natural del suelo).
  • Reducción en el uso de combustible fósil en un 40%.
  • Menor emisión de gases de efecto invernadero (Carbono) a la atmósfera.
  • Reducción de la polución del aire.
  • Mayor retención de humedad.
  • Aumento de la infiltración de agua en el suelo.
  • Mejoramiento de la calidad del agua superficial.
  • Aumento de la productividad a largo plazo.
  • Aumento de la vida silvestre.
  • Incorporación de nuevas áreas de producción.
  • Necesidades menores de mano de obra.
  • Economía de tiempo.
  • Menor desgaste de la maquinaria.
  • Reducción de los costos de producción.
 
Siembra directa en el mundo
Según estimaciones realizadas en el año 2009 (Rolf Derpsch, Theodor Friedrich), el sistema de siembra directa se realiza en más de 106 millones de hectáreas a nivel mundial. Aproximadamente, el 46% de esta tecnología se practica en América Latina, el 38 % en los Estados Unidos y Canadá, el 11 % en Australia, y el 5 % en el resto del mundo, incluido Europa, África y Asia.

A pesar de ser Estados Unidos el país con mayor superficie en siembra directa, es importante notar que este sistema apenas cubre el 25% del área agrícola cultivada. En Brasil, la siembra directa representa aproximadamente el 70%, y en Argentina y Paraguay cerca del 80-90% respectivamente; siendo estos dos últimos los países que lideran a nivel mundial en porcentaje de adopción.

Es interesante destacar que en más del 90 % del área cultivada en siembra directa en Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y Australia, se la realiza de manera permanente; es decir, sin la presencia ocasional de labranzas. En tanto que la superficie en siembra directa en Estados Unidos reciben una labranza esporádicamente; situación que hace que los suelos estén constantemente en una fase de transición, no llegando los productores a experimentar todos los beneficios de dicho sistema.

La adopción de la labranza cero en más de 106 millones de hectáreas a nivel mundial, da muestra de la gran capacidad de adaptación del sistema a todo tipo de climas, suelos y condiciones de cultivo. La siembra directa se practica desde el círculo ártico sobre los trópicos a unos 50 ° de latitud sur, desde el nivel del mar hasta los 3000 m de altitud, en zonas muy lluviosas (2.500 mm al año) o en condiciones de sequía (250 mm al año).
Se estima que, una vez superadas las barreras de conocimiento y tecnología, la siembra directa crecerá en zonas dónde la adopción todavía es baja. Por otro lado, según apreciaciones de Derpsch y Benites (2004), la eliminación de los subsidios en los países desarrollados, principalmente Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea, sería también un estímulo para que los productores san más eficientes; ya que si no lo hacen sus empresas quedarían fuera del sistema por no ser rentables y sustentables.

Agradecimientos:
Agradecemos a los referentes de los distintos Departamentos Provinciales por la información brindada; a Roció Belda y Andrés Madias, pasantes de Aapresid, por su colaboración en la realización de la estimación de la superficie en siembra directa, campaña 2010-2011.

Bibliografía:
-Sistema Integrado de Información Agropecuaria. Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca.
-Rolf Derpsch, Theodor Friedrich. Development and Current Status of No-till Adoption in the World. 2009
-Santiago N. Lorenzatti. Factibilidad de implementación de un certificado de agricultura sustentable como herramienta de diferenciación del proceso productivo de siembra directa. 2006
-Jorge C. Romagnoli. Fundamentos de la Siembra Directa. 1994.
 
Fuente: Aapresid